Mubarak muestra los dientes

03/Feb/2011

El Observador

Mubarak muestra los dientes

PIEDRAS, PALOS Y BOMBAS INCENDIARIAS EN EL MOMENTO MÁS VIOLENTO DE LA CRISIS EGIPCIA 3-2-2011
Aseguran que el presidente egipcio envió a policías vestidos de civil para enfrentar a las masas El mandatario negó el martes que vaya a irse de inmediato como piden sus adversarios
La violencia se abrió paso con fuerza ayer en Egipto. Los enfrentamientos entre los bien entrenados seguidores del presidente Hosni Mubarak y sus detractores, los que más de una semana protestaron pacíficamente contra su derrocamiento, dieron la pauta sobre los deseos del mandatario: no quiere marcharse, como se lo pide la comunidad internacional y, principalmente, el aliado Estados Unidos, que le manifestó que se marchara ya.
Las protestas sin parangón en el mundo árabe y sin precedentes contra Mubarak, en el poder desde 1981, empezaron a contener la cuota de guerra que muchos querían evitar, algo que ni siquiera hizo el Ejército egipcio ayer al mantenerse al margen. Todo hace suponer que el gobierno del presidente, tildado de corrupto y represor, envió a su gente más idónea para la tarea, a los policías vestidos de civil para contrarrestar las marchas opositoras.
«Armados con garrotes, navajas y machetes. Vestidos de civil como el resto de egipcios que patean las calles. En formación, físicamente dispuestos, ordenados y con un objetivo claro: el choque con los manifestantes que claman contra el gobierno egipcio de Hosni Mubarak», describió en un análisis la edición digital del diario El País de Madrid. Así, miles de partidarios y adversarios del jefe de Estado, que el martes anunció que se irá pero recién en setiembre cuando tengan lugar las elecciones, chocaron en la plaza Tahrir, la principal de El Cairo, lanzándose piedras, botellas y bombas incendiarias en escenas de caos descontrolado.
Partidarios del gobierno entraron a galope montados en caballos y camellos, pero fueron arrastrados al suelo y golpeados hasta sangrar. En el frente de la batalla, junto al famoso museo Egipcio en el borde de la plaza Tahrir, revoltosos progubernamentales ocuparon los techos vecinos para lanzar ladrillos y bombas incendiarias a la multitud y un árbol en los jardines del museo quedó envuelto en llamas.
En los accesos a la plaza, los dos bandos se agazapaban detrás de camiones abandonados y se arrojaban trozos de hormigón y botellas. Algunos de los partidarios del gobierno blandían machetes. Dentro de la plaza, decenas de hombres y mujeres del bando anti-Mubarak rompían la acera con barrotes y enviaban los trozos en sacos de lona a quienes combatían en el frente.
El ministro de Salud dijo que se reportó un muerto -una persona en ropa civil que podría ser un policía y que cayó de un puente- y casi 600 heridos. Manifestantes ensangrentados eran atendidos en clínicas improvisadas en mezquitas y callejones y se informó de cientos de heridos.
Algunos lloraban y rezaban en la plaza donde unos 10 mil manifestantes se habían congregado por la mañana y apenas el día anterior una multitud jubilosa de un cuarto de millón había exigido pacíficamente la renuncia de Mubarak. Otros rogaban a los soldados que los protegieran, pero estos se negaron. Los militares no intervinieron, más allá de algún disparo al aire y no había Policía uniformada a la vista. Muchos manifestantes acusaron al régimen de pagar a los asaltantes -una táctica empleada en el pasado por las fuerzas de seguridad- y a los militares de permitirlo. «Hosni abrió la puerta para que estos matones nos ataquen», gritó un hombre por medio de un megáfono.
También hubo movimientos pacíficos por parte de los seguidores de Mubarak. Unos 20 mil manifestantes progubernamentales realizaron una concentración al otro lado de la plaza Tahrir, en la que afirmaron que el mandatario había realizado suficientes concesiones y que cesaran las manifestaciones tras su promesa de que no se presentaría a reelección en setiembre, la designación de un nuevo gobierno y la de un vicepresidente por primera vez.
El discurso de Mubarak el martes por la noche, el segundo desde que comenzó la crisis hace 10 días, en el que dijo que cumplirá los siete meses restantes de su mandato porque quiere morir en su país y entregar él mismo el cargo, llenó de indignación a las multitudes que protestan en su contra. Ayer un vocero militar pidió que los manifestantes se dispersaran para que la vida en Egipto pudiera volver a la normalidad. Fue un cambio notable en la actitud del Ejército, que hasta la víspera había permitido que crecieran las manifestaciones. Lo cierto, es que los anti-Mubarak no se han movido y permanecen desafiando al gobierno. El combate sigue abierto, la lucha continuó ayer por la noche. Aunque el mandatario muestre los dientes. (El Observador y agencias)